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Generación X

He llegado al campamento base, al campo 1. Hace 18.200 y pico días que estoy en esta vida. ¡Gracias a Dios! como diría la abuelita Araceli...como decimos muchos, en voz alta; otros pensándolo...que también vale
Juan José Gómez-Hidalgo
Juan José Gómez-Hidalgo

He llegado al campamento base, al campo 1. Hace 18.200 y pico días que estoy en esta vida. ¡Gracias a Dios! como diría la abuelita Araceli...como decimos muchos, en voz alta; otros pensándolo...que también vale. A punto de cumplir el medio siglo, lejos de evocar un año siniestro, prefiero una efímera mirada atrás en homenaje a mi generación, a todos en general y a mis compañeros de colegio, en particular.

Los etiquetadores profesionales, nos han bautizado como Generación X ó Generación MTV. Para mayor claridad, los nacidos entre 1965 y 1980, dicen. Imagino que los números y los estereotipos, a la vez que tratan de medir el tiempo nos dan certidumbre, nos identifican como seres sociales. Lejos de etiquetar, yo identifico a mis colegas de generación como los más grandes. ¡Y en verdad que somos dabuten tronco!, como diríamos en una expresión de nuestra adolescencia. Como se dice ahora, resilientes. Casi que con nosotros se acabó lo mejor, no digo que lo bueno. Somos hijos híbridos de la mejor EGB, la del esfuerzo, la disciplina y el despabile y los comienzos álgidos de la ilusionante democracia. Crecimos fuertes, sin ser atacados por elementos externos que nos infundieran miedo, todo lo más lo teníamos al capón o los zapatillazos que nos daban de vez en cuando en casa o en el colegio. Cada cual sabrá qué le daba miedo entonces pero en general la limpieza de nuestra alma y la licencia de nuestros padres nos hacía vagar por las calles aún sin los dientes nuevos, jugando a vivir o quizás más bien, viviendo a jugar, libres. Desde bien chicos ya teníamos la  llave de casa para entrar y salir, por si madre no estaba. Los recuerdos pertenecen a la esfera individual pero casi seguro que todos tenemos en mente las imágenes en blanco y negro de los últimos estertores de un dictador, y el paso al color que daba la esperanza democrática...aún recuerdo aquellos papeles cayendo del cielo con nombres de políticos y los ¡Viva el Rey y Viva la Constitución! En 1981 vimos como un señor de verde y con bigote disparaba hacia el techo del Congreso y como una princesa del pueblo iniciaba la era del cotilleo global, ese que termina matando, a las víctimas y a los consumidores. El pavo y la primera madurez nos llegaron con más posibles que a generaciones precedentes. Fue un despertar de los instintos ya mediatizado por lo que veíamos en televisión. La curiosidad por un mundo nuevo que corría desbocado nos llenó de libertad, mientras nuestros mayores se dejaban la vida por nuestro porvenir. Fue una época sublime. Discotecas que propiciaron una socialización hoy imposible, por aquello del roce, el primer coche, el primer amor y demás...viajes, vinilos, disquetes, americanización, vicios y responsabilidad. Se puede ser un golferas y responsable, claro que sí. Lo chungo es ser un vasallo irresponsable del sistema. El cambio de siglo nos pilló como alumnos aventajados, creciditos. Si sobrevivimos a la calle, cómo no lo íbamos a hacer al email y al NOM (Nuevo Orden Mundial). Del grunge, el Commodore y American Psyco pasamos sin inmutarnos a la era de las new tech y la globalización.Todo fue un volar con las alas extendidas, siempre hacia arriba, más o menos plácido y trabajado a la vez, hasta que a un pirado con barba canosa se le ocurrió lanzar unos aviones contra el World Trade Center. A partir de aquí, se acabó lo que se dió. Desde entonces, estamos viviendo en una montaña rusa, aunque nosotros, igual que supimos interiorizar muy bien la libertad, estamos capeando mejor que otras generaciones la omnipotencia del Gran Hermano. No somos nativos digitales, pero nos defendemos francamente bien.

Y aquí seguimos y seguiremos dando guerra. Aunque lamentablemente, sufrimos de una especie de efecto expulsión de algunos mercados cuando llegamos a los 50, lo cierto es que en estos momentos, nuestra generación es por experiencia, fortaleza, madurez, talento y capacidad de resiliencia, la mejor posicionada para solucionar muchos de los grandes problemas que nos asolan.