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Ocurrencias

Dice un cuñado mío, que tiene muy buen humor y que es muy sentencioso, que últimamente se está muriendo gente que antes no se había muerto nunca y añado yo, ya de forma más seria, que últimamente estamos viendo cosas que jamás hubiéramos pensado ver...
Ocurrencias
Jesús Pino Jiménez
Jesús Pino Jiménez
Dice un cuñado mío, que tiene muy buen humor y que es muy sentencioso, que últimamente se está muriendo gente que antes no se había muerto nunca y añado yo, ya de forma más seria, que últimamente estamos viendo cosas que jamás hubiéramos pensado ver y que se revela muy cierto el famoso dicho de que la realidad supera con creces a la ficción. Hemos cerrado el malhadado 2020 luchando a brazo partido contra una pandemia que no habríamos imaginado en nuestros peores sueños y hemos abierto el incierto 2021 inmersos en la misma pelea y, por si no tuviéramos bastante, sumándole otra contra los elementos atmosféricos, que diría Felipe II, y rodeados y acosados por una señorita de blanco que responde al nombre de Filomena y a la que ni los más viejos recuerdan por estos lares. Últimamente pasan cosas muy raras y entre ellas no es la menor el asalto al Capitolio de los Estados Unidos que acabamos de presenciar casi en directo, patrocinado por un energúmeno de cuyo nombre prefiero olvidarme. Como cuando ocurre algo nuevo todos tendemos a comparar, he oído, las habrán oído ustedes también, todo tipo de comparaciones al respecto de este último suceso, todas ellas, claro, tratando de arrimar el ascua a su sardina e intentando acentuar o atenuar las similitudes según las conveniencias políticas de cada cual. Todas ellas también, por otra parte, con su punto de razón y todas ellas, evidentemente, inexactas, porque no hay dos hechos iguales, aunque en algo se parezcan. Dicho esto, se me ocurre que, pese a comprender lo difícil que es que todos nos pongamos de acuerdo, podríamos establecer por lo menos una serie de premisas sobre cuestiones negativas en las que tal vez una mayoría coincidiríamos: que no es bueno excitar a las masas con mensajes de odio, que no es razonable creer que lo que digamos o compartamos por redes no tiene ninguna incidencia, que no está bien invitar a la gente a que rodee congresos, que no es de recibo decir a los exaltados que aprieten, que no es honrado llamar traidor y felón al presidente de gobierno sólo porque no sea el de mi partido, que no es acorde con las buenas costumbres acosar al líder de mis ideas rivales, que no es de recibo acusar de asesinos a los que, con errores y aciertos, han gestionado la crisis del Covid, que no se puede convocar un referéndum saltándose la legalidad, que no es una broma afirmar que hay que cargarse a veintiséis millones de compatriotas, que no es ético mentir para conseguir un puñado de votos, que no tiene sentido que una economía salvaje nos gobierne, caiga quien caiga, que no es lógico que pidamos tantos servicios si luego no estamos dispuestos a pagar por ellos con impuestos, que no es justo demandar sólo derechos mientras  no somos capaces de cumplir al mismo tiempo con nuestros deberes, que no es inteligente, en suma, que nos sigamos separando tanto, cuando sabemos, en el fondo de nuestro corazón, que todos juntos, más allá de nuestras legítimas diferencias, seremos capaces de afrontar cualquier circunstancia, incluso las tan adversas como las que ahora nos atenazan. Últimamente se están produciendo muchas novedades y a mí no me importaría que se materializasen algunas de las ocurrencias que, en clave negativa, he enumerado en ese catálogo improvisado. Sería una buena forma, en mi opinión, de empezar este año. Si están de acuerdo o no, no lo sé, yo ahí las dejo.