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Rutina dominical

Los que nos atrevemos a manchar un folio blanco con el negro de nuestras ideas nos enfrentamos a diferentes retos, todos relacionados con el respeto.
Rutina dominical
Carlos Santos Moreno
Carlos Santos Moreno

Los que nos atrevemos a manchar un folio blanco con el negro de nuestras ideas nos enfrentamos a diferentes retos, todos relacionados con el respeto. En primer lugar, el respeto al lenguaje; nos persigue –sobre todo a los aficionados con escaso don como un servidor– la obsesión de combinar las palabras con una mínima decencia estética o con suficiente valor narrativo como para estar a la altura de nuestros lectores. En lo que a mí respecta, pocas veces me siento del todo satisfecho.

En segundo lugar, el respeto a los propios pensamientos y a los de los demás. Es todo un desafío, pero es más sencillo conseguir ambos retos cuando te acostumbras a escuchar y leer lo que los demás piensan con un mínimo de atención. Y cuando hablo de pensamiento, me refiero al criterio razonado y establecido con un fundamento que lo respalde, no a la mera opinión y, mucho menos, al fanatismo desinformado. La psicología evolutiva nos enseña que cualquier nuevo aprendizaje conlleva un conflicto con aquello que ya hemos aprendido con anterioridad. Aceptar el pensamiento ilustrado diferente o contrario al nuestro como válido también lo supone, es natural; el secreto está en intentar aprender algo del criterio de los demás, sabiendo mantener nuestro propio parecer, enriquecido o no, pero con atención a la razón de los demás. Eso sí, la fidelidad al juicio propio, con razonamientos que lo justifiquen, es tan importante como el respeto al de los otros.

Hace muchos años, le preguntaron a Francisco Umbral por cuál creía él que era el mejor periódico de España: El ABC –contestó el escritor– por la grapa y por la viñeta de Mingote. Por desgracia, ese diario mantiene la pequeña laña metálica, pero perdió –perdimos– al magnífico dibujante. Sin embargo, por aquella época, una encuesta europea proclamaba a El PAÍS como el periódico español que menos se equivocaba al ofrecer las noticias. Tempus fugit.

Si me preguntaran a mí por el diario que prefiero, diría que EL PAÍS, por la columna dominical de Manuel Vicent. Todos los domingos que puedo comprarlo, sigo siempre la misma rutina, empiezo por la contraportada, antes de leer cualquier noticia, por la sencilla razón de que allí habita la columna del escritor valenciano. Sé que puede parecer exagerado y extravagante encumbrar un medio de información por una sola columna de opinión, sobre todo cuando hay tantos y tan buenos medios escritos en España. Precisamente por eso, porque hay muchos y cada uno explica las noticias a su manera, más o menos repartidos en dos grandes bloques identitarios o ideológicos, para mí, lo distintivo, aparte de la objetividad a la hora de tratar las noticias, es encontrar un oasis en medio de la vorágine de la actualidad –y de pareceres arbitrarios e inconsistentes–; y la columna de Manuel Vicent lo es. Por cierto, los domingos que no puedo acercarme al quiosco, busco el vergel de sus palabras en la versión digital. Los nuevos tiempos, ya ven.

Manuel Vicent es un ejemplo de la triple consideración de la que antes hablaba. Escribe con lealtad a sus ideas sin insultar las de los demás, pero desechando la mera opinión infundada y disfrazada de doctrina; y lo hace sabiendo expresar pensamientos hilando sus expresiones con la poesía de los antiguos narradores de historias y  con buena narrativa, partiendo o relacionándolo con anécdotas o con hechos pasados. Lean los periódicos que más les convenzan –por supuesto Primera Edición– cuantos más mejor, pero busquen en ellos, aparte de noticias objetivas, a esos columnistas que cultivan una escritura llena de bellezas. Por mi parte, queda hecha mi recomendación. Por cierto, como novelista no defrauda, pregunten en la librería o en la biblioteca; encontrarán historias con mucha verdad y sabor a mediterráneo auténtico.